Las tres estrategias para ganar dinero con las apuestas deportivas

gana dinero con apuestas combinadas

Existen únicamente tres maneras de ganar dinero con las apuestas deportivas. Suena pretencioso, pero es así. Si quieres ganar dinero con las apuestas, deberás realizar apuestas con valor, ejecutar un arbitraje o hacer trading deportivo. No hay otra manera.

Todos los métodos en los que se puede demostrar científicamente que se puede ganar dinero de manera sostenida en el largo plazo utilizando apuestas caen dentro de una de estas tres familias. Si quieres ganar dinero con las apuestas deportivas te recomiendo este foro de apuestas deportivas y aplicar una de estas tres estrategias. Punto. Fácil, ¿verdad?

En realidad, no tanto. Cómo se ejecutan estas estrategias es otro cantar. La propia flexibilidad del mercado de las apuestas da mucho juego a la hora de implementarlas. Es en el detalle de en qué momentos de los partidos o en qué situaciones de los mercados deben utilizarse donde radica la diferencia entre apostantes. Esto se refleja, cómo no, en el valor de las cuotas. Serán aquellas que se den en cada momento las que nos indicarán si nuestra estrategia es ganadora o perdedora.

Cualquier procedimiento, truco o estrategia que leamos en Internet o nos cuente un amigo que no se fije en el valor de las cuotas debe inmediatamente hacernos sospechar. Recordemos que cuota equivale a probabilidad, y hasta el pitido final del árbitro puede suceder cualquier cosa. Así que si realmente quieres ganar dinero con las apuestas, deberás conocer estos tres métodos y ceñirte a ellos. Tan importante es entenderlos bien como conocer al dedillo las tácticas de los equipos en liza, el estado de forma de los jugadores o las estadísticas de enfrentamientos en condiciones similares.

Las tres estrategias básicas deben ser estudiadas en detalle, ver cuándo es posible aplicarlas y entender cuál o cuáles de ellas se ajustan mejor a nuestra forma de ser y de apostar. Existen apostantes que se especializan exitosamente en un tipo concreto de apuestas y estrategias, y otros, sin embargo, que son capaces de ir acomodando su método y amoldar su estilo a las distintas oportunidades que los mercados ofrecen. Dependiendo de nuestra experiencia, del nivel de conocimiento del juego que tengamos y de nuestro entendimiento de la dinámica de los mercados utilizaremos una u otra. Analicemos en detalle estas tres estrategias, y veamos bajo qué condiciones debes usarlas para beneficiarte de ellas.

Apuestas con valor o direccionales

 

Las apuestas con valor, también conocidas como direccionales, son las más sencillas de todas. Consisten simplemente en apostar a un resultado. En ellas se aplica el principio básico de las apuestas: ponemos dinero a favor de un determinado equipo; si aciertas, la casa te da esa cantidad multiplicada por la cuota, pero si te equivocas, nada. El mecanismo del botijo, vaya. ¿Y esto es una estrategia?

Sí. Y muy rentable, pero solo bajo una condición muy concreta: si realmente sabes más sobre tu deporte que la mayoría de jugadores. Solo si tu conocimiento del juego es mejor que el del resto de apostantes ganarás dinero. Así de simple. En las apuestas direccionales jugamos contra la probabilidad del resultado, algo que en primera instancia establecen las casas de apuestas, pero que, como ya hemos visto, lo acaba determinando el dinero que los apostantes van poniendo en los distintos resultados. Si eres un buen pronosticador y eres capaz de determinar mejor que el conjunto de apostantes las probabilidades, podrás ganar mucho dinero con las apuestas direccionales.

Esto no es fácil de lograr, y tampoco es sencillo encontrar situaciones en que se pueda aplicar. Existe una única situación en la que tiene sentido realizar una apuesta direccional. Solamente cuando la probabilidad implícita de la cuota que nos ofrece la casa de apuestas es inferior a la probabilidad real de que suceda el resultado. Si eres capaz de identificar esta situación, habrás encontrado valor en una apuesta y merecerá la pena poner tu dinero. En ninguna otra ocasión tiene sentido arriesgar nuestros fondos en una apuesta direccional. Pongamos un ejemplo. Tomenos un partido de fútbol de la Liga española, Deportivo de La Coruña contra Celta de Vigo. Asumamos que la cuota para la victoria del Deportivo es de 2. Esto significa que la probabilidad implícita en la cuota es del 50 % y, por tanto, tendrá sentido apostar a este resultado solamente si creemos que la probabilidad de que ganen los locales es superior al 50 %.

Si esto sucede, querrá decir que de cada cien veces que jueguen los dos equipos exactamente en las mismas condiciones, en más de la mitad ganará el Deportivo y nos llevaremos la apuesta. Por lo tanto, puesto que para recuperar el dinero apostado con cuota 2 solo tenemos que ganar la mitad de las ocasiones, estamos poniendo las probabilidades a nuestro favor, y a largo plazo ganaremos dinero. Fijémonos que estamos hablando siempre de determinar las probabilidades de los posibles resultados, no de saber cuál es el resultado más probable. Eso no solamente no marca si ganamos dinero o no, sino que no es necesario ni siquiera detenerse a considerarlo.

La cuota más baja siempre señala, inequívocamente, el resultado más probable. La aplicación de esta estrategia no significa saber quién es más probable que gane o pierda, sino si los apostantes están estimando mal las posibilidades reales de los dos conjuntos. En nuestro ejemplo anterior, pongamos que la victoria del Celta tiene una cuota de 5, lo cual implica una probabilidad del 20 %. Si nosotros creemos que en realidad esta probabilidad es del 25 %, tendrá todo el sentido del mundo realizar la apuesta a pesar de que en este caso haya un 75 % de probabilidades de perderla. Parece un contrasentido, pero no lo es. Apostando así perderemos tres de cada cuatro veces que juguemos o, lo que es lo mismo, acertaremos una vez de cada cuatro. Si suponemos que apostamos 1 € en cada ocasión, fijémonos que habremos apostado un total de 4 € y habremos obtenido un premio de 5 € con la cuota establecida, por lo que habremos ganado 1 € en el conjunto de las apuestas. Ganar uno tras invertir cuatro corresponde a un beneficio del 25 %, que no está nada mal. Por tanto, a largo plazo tenemos una estrategia ganadora. Yendo a ejemplos más extremos, en un hipotético Real Madrid contra Osasuna jugado en el Santiago Bernabéu se pueden llegar a ver cuotas del orden de 40 para una improbable derrota local. De nuevo, puede tener todo el sentido del mundo apostar por Osasuna.

Una cuota de 40 equivale a una probabilidad implícita en la cuota del 2,5 %. Imaginemos que somos capaces de estimar acertadamente que la probabilidad de victoria de Osasuna es del 5 %. Si realmente es así, de cada veinte veces que juguemos ganaremos una. Si seguimos con nuestra apuesta de 1 €, obtendremos 40 € en premios tras haber desembolsado 20. Un beneficio del 100 %, en este caso. A pesar de que lo más seguro es que gane el Real Madrid la gran mayoría de veces, apostando por el conjunto rojillo estamos haciendo un negocio redondo. Así que todo depende, como ya hemos dicho, de las cuotas. Aunque sea poco probable que un resultado se dé, si la cuota es suficientemente elevada puede merecer la pena arriesgarse. Si apostamos muchas veces de esta manera, cuando acertemos habremos compensado de sobras las pérdidas que nos ha supuesto la baja frecuencia de acierto.

Por desgracia, todo esto, que parece fácil, tiene un pequeño problema, y es que la probabilidad real no podemos saberla de antemano. De hecho, el partido sobre el que apostamos forma parte de ese conjunto de resultados que la definirán a largo plazo.

A priori, no se puede saber, solo estimar. Ni nosotros, ni nadie. Por ello, nuestra probabilidad real no puede ser conocida sino solamente estimada. Nuestros cálculos contendrán un cierto margen de error, que deberemos gestionar. En el mundo de las apuestas se maneja, en consecuencia, el concepto de «valor de una apuesta». Una apuesta tiene más o menos valor en función de la relación entre la probabilidad real y la probabilidad implícita de la apuesta. Nos interesa realizar apuestas con el máximo valor posible, es decir, apuestas en las que la probabilidad real que estimamos sea lo mayor posible respecto a la probabilidad implícita en la cuota. Puestos a elegir entre dos apuestas con cuota 4 y probabilidad implícita del 25 %, nos decantaremos antes por colocar nuestro dinero en un resultado que creamos que va a suceder el 30 % de las veces que en otro que sucederá el 26 % de las ocasiones.

El primer resultado es más interesante, más valioso, que el segundo. Hay apostantes que intentan cuantificar el valor de una apuesta. Para ello, se define un parámetro denominado «valor esperado positivo de la apuesta» (conocido también como +EV, siglas de positive expected value), que utiliza tanto la probabilidad implícita como la real para evaluar si la apuesta merece la pena o no. La mayoría de apostantes recreacionales no lo necesitan, y con una estimación intuitiva del valor tras un buen entrenamiento pueden mantener una buena trayectoria. Sin embargo, si tus miras van más allá, apoyarte en este parámetro numérico te hará ganar consistencia, y te será de gran ayuda a la hora de seleccionar tus stakes.

Arbitrajes y coberturas

Un arbitraje no es solo lo que hace ese señor del silbato que corretea entre los futbolistas. El término se usa en muchos otros campos, aparte de los de fútbol. En general, se usa cuando se designa a un tercero para solucionar discrepancias entre dos personas con opiniones distintas. En las apuestas puede suceder, por ejemplo, que dos casas den cuotas muy diferentes y que salga a cuenta ejecutar estrategias para aprovecharnos de esta situación.

Si es así, nosotros estaremos haciendo de árbitros entre las dos casas de apuestas, y nuestro dinero ayudará a igualar sus cuotas, resolviendo la diferencia. Pero lo haremos solo si ganamos con ello. Mirándolo desde nuestro propio punto de vista, en las apuestas se utiliza el término arbitraje cuando podemos realizar una apuesta con ganancia asegurada, independientemente de la dirección que tome el partido. Gane quien gane o pierda quien pierda. Si somos capaces de realizar un conjunto de apuestas que nos aseguren un beneficio al margen del resultado final, estaremos realizando un arbitraje. Si es así, estamos ante la piedra filosofal que todo apostante busca… ¡ganar sí o sí! ¿Es realmente factible? Lo es.

Para ello, debemos encontrar un enfrentamiento donde el conjunto de todos los resultados posibles nos dé cuotas cuya suma de probabilidades implícitas sea inferior al 100 %. O, dicho de otro modo, donde el spread neto sea negativo. Y esto… ¿cómo puede ser? Si habíamos quedado que el spread representa el margen de la casa de apuestas… Para que esto se dé, la casa de apuestas debe perder seguro en ese partido… ¡y una empresa no lo hará, al menos de buena gana! Efectivamente. Ninguna bookie ofrecerá una suma de probabilidades implícitas para un determinado resultado inferior a 100 %. El truco está en aprovechar la descompensación de dinero entrante en distintas casas de apuestas, equilibrando los mercados entre ellas.

Vendemos probabilidad excesiva en uno, compramos probabilidad demasiado baja en otro. El papel del árbitro es compensar desequilibrios de los distintos mercados, y ganar una pequeña comisión por ello. Es perfectamente posible que por la dinámica del mercado dos casas experimenten entradas de dinero distintas en los diferentes resultados posibles de un mismo partido. Cada una tiene sus clientes, y su propia dinámica. Nosotros actuamos como árbitros entre las dos casas de apuestas, los dos contendientes a los que hacía referencia nuestra definición inicial.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos que una casa de apuestas te ofrece cuota 2 por la victoria del Deportivo de La Coruña y otra casa ofrece cuota 2,5 por el empate o derrota del Depor. En este caso, apostando a la vez 10 € en la primera casa a la victoria local y 8 en la segunda al empate o derrota, obtendrás una ganancia segura de 2 €, independientemente del resultado:

  • Si gana el Deportivo, habrás invertido 18 € en total (10 a la victoria del Depor más 8 al empatederrota), el premio en este caso es de 10 x 2 = 20 €, así que obtendrás un beneficio global de 2 €.
  • Si empata o pierde el Depor, invertirás igualmente 18 € en total (10 a la victoria del Depor más 8 al empatederrota), el premio logrado en este caso es de 8 x 2,5 = 20 €, de modo que conseguirás un beneficio global de 2 €.

Así que, pase lo que pase, ganas 2 €. Comprobemos que las probabilidades de las cuotas manejadas son 50 % y 40 %, cuya suma es 90 %, inferior al 100 %… Dicho de otra forma, ¡hemos encontrado un spread negativo! Fíjate también que para obtener nuestra ganancia segura no hemos apostado dos cantidades al azar, sino que hemos escogido cuidadosamente cuánto invertir en cada caso, para asegurarnos el mismo beneficio independientemente de la situación. Para lograrlo, deberemos poner una cantidad de dinero tal en las dos apuestas que obtengamos el mismo premio en las dos posibilidades. En la práctica, realizar arbitrajes resulta difícil, porque precisamente el dinero que ponen los arbitristas reequilibra las cuotas de las diferentes casas.

Además, los spreads que cargan las casas de apuestas hacen que las cuotas diferentes tengan que luchar no contra probabilidades del 100 %, sino del 106 % o incluso del 110 % en algunas ocasiones. Aun con todo, encontrar arbitrajes era posible hasta hace no demasiado, cuando el mercado estaba abierto a las casas de todo el mundo. Desde la implementación de la licencia de juego seguro en España, el mercado se ha estrechado notablemente, el número de operadores ha descendido de manera drástica en número y los apostantes españoles ya solo compiten contra apostantes españoles. Por ello, hoy día, resulta casi imposible encontrar este tipo de oportunidades.

Por lo menos en nuestro mercado. Sin embargo, estas técnicas sí que son muy utilizables hoy en día como coberturas dentro de una estrategia de trading deportivo. Es posible que en un momento concreto no encontremos cuotas que nos permitan ejecutar un arbitraje; sin embargo, sí es posible hacerlo en momentos distintos, incluso dentro de la misma casa de apuestas. Lo veremos a continuación.

El trading deportivo o compraventa de apuestas

Imagínate la Bolsa de Nueva York. Centenares de operadores gritando «¡Compro!» y «¡Vendo!» a diestro y siniestro. Miles de millones de acciones pasando de unas manos a otras. Futuros financieros cotizados y opciones de compraventa ejecutándose sin parar. Pues el trading deportivo es lo mismo pero con cuotas de apuestas. Y sin los gritos. En efecto, el trading deportivo funciona de manera similar a la bolsa y el mercado de valores. Es una forma de apuestas dinámicas, en las que los apostantes negocian con la evolución temporal de las cuotas. En el trading no jugamos ya con la probabilidad o con el valor de las apuestas, sino en cómo esta probabilidad o este valor cambia a lo largo del tiempo. Las cuotas cotizan. Ya hemos hablado de que las apuestas conforman un mercado, donde las opiniones de los participantes se compran y venden en forma de probabilidad de un resultado. Y como todo mercado sobre sucesos futuros, lo que esperan los apostantes sobre el desenlace de un partido concreto puede evolucionar en función de cómo se desarrollan los acontecimientos que lo envuelven.

Antes de los partidos, las lesiones, noticias en prensa o incluso declaraciones de los entrenadores pueden cambiar la percepción que tienen los apostantes sobre el posible resultado final, lo que afecta al dinero que entra en cada posición. Y esto, como ya sabemos, modifica dinámicamente el valor de las cuotas. Se puede realizar trading antes de comenzar el encuentro o mientras se está jugando. En general, antes de los partidos la evolución de las cuotas suele ser pequeña y las casas de apuestas abren las cotizaciones con spreads elevados, que van reduciendo conforme va entrando dinero en el mercado. Esto hace que las oportunidades de trading antes de empezar existan, pero que no sean fáciles de detectar ni de aprovechar. Aunque, eso sí, hay apostantes exitosos capaces de detectar anomalías en las cuotas ofrecidas por las casas y que ganan dinero posicionándose contra ellas.

En las apuestas en directo, en cambio, encontrarás buenas oportunidades para el trading. Supongamos un partido de ida de cuartos de final de Champions League entre Chelsea y Juventus. Imaginemos que, vistas las alineaciones iniciales, y conociendo el historial táctico de los entrenadores, creemos que los dos equipos saltarán al campo con grandes precauciones defensivas en la primera parte. El encuentro comienza con una cuota de 3 para el empate de ambos equipos, y conforme se va confirmando esta tendencia de tablas, como cada vez es más probable que este resultado se materialice al final, la cuota irá descendiendo a lo largo del choque, pongamos que hasta una cuota 2,1 en el descanso. Supongamos que, viendo los cambios introducidos en la media parte, empezamos a sospechar que los entrenadores han cambiado el esquema táctico de sus equipos, invitándolos a tomar riesgos en busca de goles y de llevarse el partido. En esta situación, nuestra acertada situación inicial puede verse amenazada, por lo que puede ser interesante cerrar nuestra posición y asegurarnos la ganancia que implica la evolución favorable que ha sufrido nuestra cuota.

Existen plataformas que permiten no solo apostar en una dirección, sino vender nuestra apuesta en dirección contraria, de la misma manera que los mercados de derivados financieros permiten vender una acción que no se tiene –lo que se denomina en el argot bursátil «ponerse corto»–. De la misma manera, el mundo de las apuestas permite realizar estas mismas operaciones. Si bien no todas las casas proporcionan esta forma directa de hacer trading, podemos realizar la operación equivalente para cerrar nuestra posición apostando a los resultados complementarios, lo que se denomina «realizar una cobertura». En nuestro ejemplo, si la cuota del empate se ha reducido porque ha aumentado la probabilidad de este resultado, es obvio que las cuotas de la victoria o la derrota local habrán aumentado, por lo que apostar a estos resultados puede garantizarnos una ganancia segura gracias a los métodos empleados en el arbitraje deportivo, que ya conocemos.